martes, 8 de diciembre de 2009

Tiempos pasados...




No todo lo malo es totalmente malo, ni todo lo bueno es totalmente bueno, cada foco de oscuridad alberga un pequeño resquicio de luz casi imperceptible.
Marco se encontraba sentado en una roca consumida por la fuerte corriente del río, que en anteriores estaciones había sido más caudaloso de lo que se veía en la actualidad.
Buscó con sus manos una piedra lisa sobre la escarchada extensión. Al encontrarla la deslizó entre sus manos observándola fijamente y la lanzó con fuerza sobre la superficie del agua para ver su deslizamiento.
Este simple movimiento lo relajaba y le devolvía la paz interior que hacía tiempo le había sido arrebatada.
Observó la lejanía, perdiendo la mirada en un punto en el horizonte.
Perdido entre sus pensamientos rememoró tiempos pasados.
Se encontraba en la casa de su abuela, sentado detrás de la cocina con los pies descalzos sobre un cepo de madera. El calor lo invadió en ese momento y hasta pudo notar como sus mejillas se sonrojaban en reflejo de la luz de la lumbre.
Recordó como solía colocar las sillas del comedor en hilera, sintiéndose el conductor de una vieja locomotora.
Todo era más sencillo cuando una simple toalla a los hombros te daba los poderes necesarios para convertirse en superhéroe.
Si se lo hubiesen preguntado, hubiese vendido su alma por volver a ser niño otra vez.
Sin embargo en el medio de un interminable ósculo con el diablo que los uniese para siempre un Marco adulto entraría gritando, poniendo fin a aquel momento de enlace.
El suave sonido del agua resbalando río abajo lo despertó. Levantó la vista volviendo a reparar en el lugar donde se encontraba.
Lo sabía, aunque le dolía lo sabía. Cualquier tiempo pasado, había sido mejor.

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